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El Tema del Mes

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Febrero 2010

Embarazo adolescente y Televisión*


por Josep Cornellà i Canals , pediatra y paidopsiquiatra, ex-presidente de la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia de la AEP.













*Este texto es el compendio de tres artículos publicados originalmente en catalán en la columna que escribe su autor en el DIARIO DE GIRONA, en las fechas 15/1/09, 12/3/09, 21/5/09 y 14/1/10.
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Una de las preocupaciones más grandes en la atención a la adolescencia es el aumento del número de embarazos no deseados en chicas menores de edad, con todas las consecuencias que el hecho implica. La Academia Americana de Pediatría publicó un interesante trabajo el pasado mes de noviembre en que se ponía de manifiesto una posible relación entre el hecho de ver sexo en la televisión y los embarazos adolescentes. Es el primer trabajo científico que muestra una evidencia estadísticamente significativa.

El estudio se basa en el seguimiento durante tres años de un grupo de adolescentes entre 12 y 17 años. Aquellas adolescentes que habían visualizado programas de alto contenido sexual tenían el doble de posibilidades de un embarazo en los tres años que duraba el estudio.

Es cierto que cada vez hay más pruebas de que la exposición de los adolescentes y jóvenes a programas de contenido sexual configura las actitudes y la conducta sexual, de tal manera que puede influir en la salud reproductiva.

Pienso en programaciones concretas de la televisión catalana, por ser la que tenemos más cerca. A la serie Ventdelplà (que tiene un alto índice de audiencia) ya vivimos una situación de embarazo y aborto en una chica adolescente. Asimismo, las relaciones sexuales entre adolescentes son ingrediente de muchos de sus capítulos. Como pienso también en la miniserie sobre Serrallonga (con un elevado presupuesto y que, en algunos centros de enseñanza, ha sido recomendada a los alumnos). Las escenas de sexo no formaban parte del guión, pero estaban presentes. Algunas, con un contenido que podía rozar la pornografía. A veces parece que si en un episodio no hay escenas de sexo, ya no tiene sentido.

Con todo eso, la sexualidad, que es una expresión de la personalidad humana, queda reducida a una banalidad y a la satisfacción de un deseo, sin ninguna referencia a la responsabilidad que implica.

De cara a la prevención de estas situaciones, se recomienda que los padres y los hijos tengan conversaciones sobre estas posibles influencias de los programas de televisión que ven los hijos. Mejor aún si los ven juntos y los pueden discutir desde el sentido crítico. Asimismo sería conveniente que las Administraciones Públicas tomasen conciencia de este hecho a la hora de evaluar cuál es la televisión pública que se ofrece. Y, finalmente, dada la importancia de la situación, sería bueno que se avanzase hacia un programa de atención a la salud integral de los adolescentes, que reuniese las coordenadas para ir todos a una en la prevención de estas situaciones que tanto nos preocupan.

ABORTO Y EDUCACIÓN SEXUAL

Cuando se habla de modificar la ley del aborto a fin de que las chicas, a partir de los dieciséis años, puedan decidir, sin conocimiento de sus padres, la interrupción voluntaria del embarazo, se está reconociendo, eufemísticamente, el fracaso de la educación sexual.

La realidad más cruda y dura es que la edad de inicio de las relaciones sexuales entre los adolescentes se ha ido avanzando de manera progresiva, que se ha banalizado lo que supone esta relación, que se ha restado importancia a las responsabilidades sobre sus consecuencias, y que, en estos momentos, ya no deja de ser extraño encontrarte con una quinceañera que ya ha sufrido dos interrupciones voluntarias del embarazo. Por otra parte, la seguridad que ofrece el conocimiento de que hay unas "pastillas del día después" que conjuran cualquier posibilidad de embarazo, ha supuesto una remontada de los índices de enfermedades de transmisión sexual.

Por cierto, no sé si la ley tiene previsto algún tipo de añadido que impida a los padres obligar a una hija a la interrupción del embarazo. La fiscalía tendría que proteger los derechos del menor de edad. Espero que este punto quede claro y bien reflejado.

Es preciso dejar claro que una cosa es la despenalización del aborto y otra su reglamentación por ley, y los supuestos que se contemplan. Al leer ciertos artículos del proyecto de ley, se tiene la impresión de que se avanza hacia una situación en que prima el placer sobre la responsabilidad. Es una impresión a primer vistazo.

La educación sexual de los adolescentes es una asignatura pendiente en nuestro país. Las consecuencias son bien patentes. Los padres, a menudo, lo dejan en manos de la escuela. Y la escuela hace lo que buenamente puede, en el contexto de una dispersión de materias académicas y de programas atiborrados. Se recurre, tal vez, a un profesional de la salud que hace una charla y pasa unas diapositivas. En algunos casos, enseña a encajar preservativos en unos moldes de madera o de plástico que representan un pene.


Foto: Escena de la serie de Tele 5 "El Pacto"

La idea, por muy progresista que parezca, no deja de ser un absurdo. La colocación de un preservativo no tiene demasiadas dificultades para ser aprendida, y entre ellos, los adolescentes se lo explican mucho mejor que si lo hace un adulto. El problema es transmitir la responsabilidad que supone la utilización del preservativo. Y, para ello, no hay moldes de plástico, ni diapositivas, ni charlas magistrales. Por ello es preciso ir más adentro. Es preciso llegar a la reflexión que permita una argumentación. Y estamos hablando, por lo tanto, de desarrollar valores. La educación sexual tendría que ser aquel arte que tuviese como objetivo que los adolescentes y jóvenes aprendiesen a hacer un uso responsable y maduro de su sexualidad. Y esta educación sexual exige una planificación en manos de expertos, evaluando experiencias exitosas hechas en otros países, y replicándolas en el nuestro. No parece tan difícil. ¿Verdad que no?

UN PACTO SIN SENTIDO

La berlusconiana Telecinco estrenó el domingo pasado una nueva tv movie: El Pacto. Había leído la síntesis y, la verdad, me sentí incapaz de seguirla. Trata sobre siete chicas, alumnas de cuarto de ESO, que deciden quedarse embarazadas a la vez. Por lo visto, se basa en unos hechos reales (de los que no me había llegado ninguna noticia) acaecidos en Estados Unidos, donde fueron diecisiete las chicas que habrían tomado esta decisión. A pesar de que no he visto el primer capítulo, toda esta trama argumental que se ofrece, desde la pequeña pantalla, a una importante audiencia (casi tres millones y medio de espectadores), me plantea muchos interrogantes sobre la deriva ética de nuestra sociedad, cuáles son los objetivos, y cómo se puede imaginar el porvenir.

De entrada, se presenta el embarazo como un juego. La serie plantea el caso de unas chicas que, queriendo romper esquemas, se proponen un embarazo colectivo. De la misma manera que habrían podido acordar teñirse los cabellos de amarillo: todas, al mismo tiempo. ¿Cuál es la diferencia? El problema, precisamente, es despreciar la diferencia. Y dar la sensación de que esta diferencia forma parte del pasado o de conceptos anacrónicos. Pero la realidad, ayer, hoy y mañana, es que el embarazo es la consecuencia de una relación sexual, que hace tambalear los niveles hormonales en la mujer (mucho más en la adolescente), y supone la concepción de una nueva vida, ajena a cualquier apuesta. Pero, desde el desprecio hacia la diferencia, el embarazo queda devaluado a una situación "divertida", a la que se puede poner punto y final cuando se quiere. ¿Y los "padres"? Quiero decir, ¿cuál es la responsabilidad de los presuntos colaboradores en la situación de embarazo? ¿Cuál es su criterio ante un acto que implica un compromiso?

¿Es esta la respuesta adecuada a la preocupación social ante el creciente aumento de embarazos en chicas adolescentes? No deja de ser curioso que esta serie se estrene poco después de que el Congreso (con una rocambolesca alianza entre PSOE y PNV) haya abierto la posibilidad del aborto en menores de edad sin el consentimiento ni conocimiento de los padres. La manga ancha de la ley aprobada permite hacer todos los equilibrios que se quiera. Por lo tanto, volvemos a la consideración del embarazo como "situación transitoria". De nuevo, tenemos otra prueba de que la educación sexual, en este nuestro país, sigue siendo inexistente. Ni hay programas para la promoción de la salud integral de los adolescentes, ni ganas de llevarlos a cabo. Tras la pátina de un supuesto progresismo y de unas figuradas libertades, hay una regresión en la concepción de los valores de la persona humana. Y es que toda educación sexual tendría que comenzar con un aprendizaje para la reflexión y una reflexión sobre los valores. Y, ¿cómo se podrá hacer esto cuando el estudio de la filosofía se está eliminando de los currículums académicos?



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